Gus Manzai

Sere la voz narradora de cuentos, relatos y demás escritos, cargados de terror, suspenso, sci-fi, humor, y mucho mucho delirio.

UNA NOCHE DE SUERTE

  • - ¡¡Falta envido!! - grito en tono triunfante Guido, ansioso por quebrar la mala racha que tuvo esa noche.
  • - Bueno... la verdad me dejaste mudo, ni me imagine que ibas a cantar... pero, esta bien, ¡quiero!... decime tus tantos - respondió Joaquín.
  • - ¡¡32!!... ¡por fin gane un partido!, ya me empezaba a preocupar. Me estabas desvalijando, pero por fin la suerte estuvo de mi parte.
  • - Muy bien, te felicito... pero como 33... ¡y de espada!... son mejores, otra vez la plata se queda con el mejor... con el numero uno, o sea YO.

El gesto eufórico de Joaquín, tiró al suelo los ánimos de Guido. Que por un segundo creyó tener el partido ganado, pero en el último instante dio un vuelco tan inesperado, que todavía le costaba aceptar la realidad.

Con sus manos tapándose el rostro, para cubrir el gesto de resignación, exclamaba...

  • - No puede ser... no lo puedo creer... ¿cómo puede ser que no pude ganar en toda la noche?... a mí si, que me persigue la mala suerte.
  • - Vamos, Guido... tampoco es para tanto, no me hagas sentir mal... vos no tenes la culpa de ser, tan... como decirlo... tonto quizá. Ponete a pensar que colaboras mucho con la sociedad...
  • - ¿A sí?... ¿y en que?
  • - En alimentar el ego de personas inteligentes como yo. No te preocupes, esta tal vez fue mi noche de suerte... cuando sepas jugar, vas a tener la tuya - respondió egocéntricamente Joaquín derrumbando los pocos ánimos que le quedaban a Guido - Me voy porque se me hace tarde, y cuando quieras volver a jugar al truco, avisame... así me traigo la carretilla y me llevo tu plata, CHAU.

La luna apenas iluminaba la tranquila noche, y en una angosta vereda, Joaquín caminaba tarareando una canción que rondaba en su mente y que no recordaba su letra. Estaba totalmente concentrado en su triunfo... cuando de repente, de la oscuridad que brindaba un árbol plantado en la amplia vereda, una voz débil toma por sorpresa al egocéntrico jugador.

  • - Eso que acabas de hacer, esta mal... muy mal.

Joaquín se quedó totalmente petrificado. Lo primero que pensó al recobrarse, fue salir corriendo... pero como el barbudo y pequeño anciano no presentaba ninguna amenaza y su curiosidad fue mayor, se acerco con creciente interés al senil extraño.

  • - ¿Me habla a mi abuelo?
  • - Y... habrás hecho algo malo, por eso te volviste - le respondió con picardía - yo puedo ver cosas. Como por ejemplo, veo que acabas de estafar a un amigo tuyo.
  • - Muy interesante, ¿y que más podes ver?
  • - A todas las personas injustas... aunque te cueste creerlo, nosotros los verdaderos "justicieros" aparecemos cuando alguien comete actos deshonestos con bastante frecuencia y como vos sos uno de esos... ¿o no es así... Joaquín?
  • - Pero... ¿como sabe usted mi nombre?
  • - Te lo dije... y como también te gustan las apuestas te propongo una yo, ¿qué te parece? - el joven asintió con la cabeza y observaba detenidamente al viejo pícaro que tenía adelante - perfecto... las condiciones son estas. Si todo lo que yo te digo es verdad, me das toda la plata que tenes en tu bolsillo.
  • - JAJA... muy bien, y en caso de que usted mienta, ¿que gano yo?
  • - En caso de que yo falle en algún detalle... en una mano tengo un reloj de oro, tendrás que adivinar en cual, si adivinas el reloj es tuyo. ¿aceptas?
  • - Acepto.
  • - Muy bien, empecemos. Cuando le estabas enseñando a tu amigo a jugar al pool, le mostraste como era el juego, y el segundo partido lo convenciste de que jugara por plata... obviamente le ganaste. Cada vez que jugaban a los dados en el club, cuando tirabas y te faltaba un dado para completar la jugada, le decías a tu amigo que pida un café y vos dabas vuelta el dado. Y últimamente cada vez que juegan al truco, te llevas tu encendedor de plata, bien lustrado y lo pones sobre la mesa. Cada vez que dan las cartas, sabes que cartas tiene tu amigo, y te anticipas a su jugada. ¿Sigo... o con eso es suficiente?

Joaquín mudo, sin expresión en su rostro, tomado completamente por sorpresa por todas las cosas que le dijo ese extraño abuelo. Lo único que hizo fue sacar la plata de su bolsillo y entregársela en forma silenciosa. Una vez que cumplió con el trato se fue caminando con el mismo gesto de derrota que mostró Guido cuando el le había ganado.

  • - Por lo menos hubieses dicho, chau... y espero que no vuelvas a estafar a nadie - le dijo el "justiciero", mientras Joaquín se perdía en la noche.

Ya era la madrugada, cuando comenzó a sonar el teléfono en la casa de Guido. Este todavía dormido atendió el insistente llamado.

  • - Hola... ah, hola abuelo, ¿como andas?... a sí, ¡¡recuperaste la plata!!... no me digas que con el truco del "justiciero"... jaja... chau abuelo, nos vemos mañana y gracias, te debo una.

Corto la comunicación, y Guido pensó por un momento llamar a Joaquín, y burlarse de la misma forma en que lo había hecho el. Pero prefirió dejar que siga pensando que el era un tonto. Mientras silenciosamente festejaba, su noche de suerte.

 

FIN


GUS MANZAI

1 comentario »
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carolina
#1
2 of June of 2009 19:47
este si, q me gusto mucho... al principio crei q era de terror y me adentre en el cuento ... para mi sorpresa es mas q un cueno es una morajela.... el q se cree vivo termina siendo el mas tonto ...... me encantooooooo besotes

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